Cuando generalmente comienzo las capacitaciones suelo
preguntar a los clientes internos, lo que voy a aprovechar y le pregunto a cada
uno de mis lectores:
¿ Usted se considera un individuo, útil para su
empresa, entorno y sociedad?
Usted que me esta leyendo, tómese un instante, un
momento y medite la respuesta que se le viene casi inmediatamente a la cabeza.
Estoy casi seguro que su primera e inmediata
respuesta es: ¡SI, yo soy una persona útil J! Créame amiga y amigo lector que su respuesta no me sorprende,
porque todos la hemos dado y nos hemos sentido así… Para muchos, responder sin
titubear con una sonrisa que entre deja ver de satisfacción al sentirse
orgulloso de lo útil que han sido en su vida, no solo en el ámbito laboral,
sino también afectivo.
Por un momento piensa que haces con estos objetos que
ahora se me vienen a la cabeza:
·
una cuchara,
·
un libro,
·
una camisa,
·
un taxi…
Estos objetos los utilizas, sólo cuando es necesario
para satisfacer una necesidad o un impulso. Así mismo, las personas que piensen
en su utilidad en el “mercado” no van a darse el valor como un ser proactivo,
productivo y aportante y por ende van a permitir que sigan pasando sobre ellos,
que sus derechos sean atropellados por medio de personas que encuentran la
oportunidad para abusar de ellas. No obstante, el desespero laboral a llevado a
muchos a prostituir los puestos de trabajo, abaratando los sueldos, en medio de
una competencia desleal.
En este orden de ideas y con esta aclaración me
permito hacer la siguiente afirmación: -los clientes internos son los pulmones
y el corazón de una organización- éstos deben procurar representar muy bien los
intereses que demandan sus deberes y los valores corporativos dentro de las
funciones encargadas en la organización. Todo cliente interno se debe a su
compañía, toda compañía se debe a sus clientes internos.
¿El por qué del término cliente interno? Se utiliza
para referirse a los empleados de una compañía puesto que son éstos los
primeros y más importantes usuarios y consumidores de la misma, ya que si un
empleado no se identifica 100% con la filosofía, misión y visión, no podrá guiar
los intereses colectivos, ni tendrá una actitud donde el sentido de pertenencia
sea su ancla y horizonte.
Muchas compañías cuentan con un alto índice rotativo
en los puestos de trabajo, ya que la cultura organizacional suele ser nefasta y
perjudicial para la salud física, mental y emocional de sus colaboradores,
infortunadamente muchos jefes, no están adecuadamente preparados para serlo, ya
que no valoran a sus clientes internos como un ser humano con necesidades, sino
que lo juzgan, catalogan y tratan como un todo. Esto se evidencia por parte de
los empleados quienes dan a conocer la perspectiva organizacional por medio de
frases que simbolizan y denigran la autoridad de los mandos jerárquicos como: “
Jefe es jefe aunque mande mal” “El que sabe, sabe, el que no, es gerente”
Cuando las empresas cuentan con gerentes o juntas
directivas un tanto soberbias, no caen en cuenta de la imagen externa e interna
que están proyectando, enviando un mensaje de inestabilidad y poco
compromiso, ya que su alta rotación en
cargos solo puede tener un diagnostico perjudicial. Supongamos por un momento
que tenemos una cuenta corriente en cierta entidad bancaria, ¿Qué pasaría si su
ejecutivo de cuenta cada vez que lo visita es una persona diferente? Esto sería
inestable, le daría intranquilidad del cuidado y protección de sus intereses.
Son abundantes los casos que hemos encontrado de personas
insatisfechas con sus compañías, ya que literalmente se sienten “desechables”
puesto que no hayan mas valor que el de ser una ficha de ajedrez, nadie es
indispensable, todos son reemplazables, y suelen recalcarlo.
Si las compañías no evalúan y reestructuran su
cultura organizacional, sus políticas
internas y sobre todo sean más sensibles, consideradas y humanas con el cliente
interno, su reputación y destino en el mercado se vera totalmente oscuro y será
desfavorable, esto puede conllevar a que su permanencia en el tiempo sea
limitada al igual que sus metas y su proyección comercial. Hasta no reconocer
las circunstancias que las aquejan para mejorar sus carencias y debilidades
están irremediablemente condenadas al fracaso.
Toda compañía debe procurar la fidelización en los
clientes internos, lograr sentido de pertenencia por quienes allí trabajan,
tener programas motivacionales, invertir en el respeto. Para comenzar los
aspirantes a cargos deben ubicar puestos laborales donde su perfil se ajuste lo
más posible, se puedan explotar sus capacidades, sus talentos y den más de lo
que demandan sus funciones laborales, esto va a generar que su desempeño le
abra paso hacer carrera ascendiendo dentro de la compañía y en cierta medida
mejorar su calidad de vida; un buen cliente interno es aquel que es
contribuyente, aportante, pro activo a la cultura organizacional, deben tener
un espíritu emprenderista, para inyectarle nueva sangre, objetivos, logros a la
organización que sean fértiles desde una actitud y perspectiva totalmente
propia de un líder que no solo hace lo que quiere, sino más importante aún quiere lo que hace.
Por estos motivos, quienes se postulen a ocupar
cargos deben ser muy honestos consigo mismos, porque las decisiones que tomen
de seguro van a afectar a los demás, tanto a personas que pueden ser más
idóneas para ocupar esa vacante o porque van a ingresar a un ambiente laboral
donde no van a encajar y su desempeño va a hacer mediocre, siendo aportantes a
un clima organizacional que se verá totalmente deteriorado, pero sobre todo no
serán responsables en sus funciones.
Así, pues, que la responsabilidad es compartida,
todos somos parte del cambio, debemos ser proactivos y productivos, enfocados
en el progreso y bien colectivo, las compañías deben agudizar sus departamentos
de recursos humanos y los clientes internos partir de la convivencia sana, del
respeto y responsabilidad siendo totalmente honrados y valorando lo que ahora
infortunadamente escasea en nuestro país y es el poder perdurar y disfrutar
explotando al máximo las condiciones dignas de trabajo.
No olvidemos que, si todos fuéramos como los árboles
en el bosque, juntos creceríamos más alto.
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